INAUGURACIÓN 33ª EDICIÓN DEL BELÉN TRADICIONAL

El pasado día 21 de diciembre tuvo lugar el acto de inauguración del Belén.

Con la iglesia engalanada, lleva de vecinos y amigos, Teresa González evocó la Navidad de su infancia y juventud, los valores recibidos de su familia y los innatos de los guiletos.

Preciosas palabras que emocionaron a sus padres sin duda, pero que también calaron en todos los presentes.

Una noche muy especial envuelta en villancicos y zarzuelas de mano del Coro del Camino Real.

Jorge Benito Santamaría su director, recordó que los primeros aplausos de su vida encima de un escenario los recibió cantando El Tamborilero en el teleclub de Mecerreyes a los 7 años.

Nos recordó una vez más que siempre está disponible para Mecerreyes.

Después de la entrega de obsequios a Teresa, al Coro del Camino Real y a la pianista Elena Frutos, se procedió a la bendición del Belén, Jorge nos dirigió a los presentes para cantar Adeste Fideles haciendo que ese momento fuera muy especial.

Mecerreyes anunció el nacimiento de Jesús en el corral de la Villa, recreando el pueblo y las escenas cotidianas del mundo rural.

 

PREGÓN NAVIDAD 2019 – MECERREYES

Por Teresa González Ausín

Buenas noches a todas y todos los presentes.

Agradecer en primer lugar la invitación para hacer de pregonera en esta navidad 2019, no por cortesía debida, sino por sentido agradecimiento.

Felicitar a quienes, en estos momentos, están detrás de todo el trabajo para que las cosas salgan bien en Mecerreyes, a su alcalde y corporación Municipal, y permítanme también aquí dar las gracias a nuestro anterior alcalde Julián Vicario, y sus concejales por tantos años de buen trabajo y servicio a los ciudadanos, y que este año han dejado de prestar un servicio impagable.

Además de agradecer al Ayuntamiento de Mecerreyes, quiero manifestar el agradecimiento a las personas que conforman la Parroquia de San Martín de forma más activa, con Roberto Santamaría su párroco al frente, así como a la Cofradía Nuestra Señora del Camino, la Asociación de Jubilados, la Asociación Guileta y Peñas que organizáis esta programación de Navidad.

No os imagináis las alegrías, añoranzas y tantos buenos sentimientos que lográis acercar, cuando se está lejos del pueblo.

Quiero agradecer a todas las personas que han trabajado duro para presentarnos el Belén desde hace ya 33 años, la misma edad que los premios Goya y no menos significado para todos nosotros, casi nada desde los inicios del belén en la zona de la pila bautismal, ¿Os acordáis?

Gracias al Coro del Camino Real, por su presencia, con su director, hijo del pueblo Jorge Luis Benito.

Sean bienvenidos todos los vecinos/as y amigos/as  al pregón de la Navidad 2019.

Amigos y amigas, mi pregón versará sobre la cotidianidad de la vida entorno a la Navidad, una Navidad en nuestro amado pueblo Mecerreyes, una navidad que se configura en la esencia de la familia. Esto me trae recuerdos profundos como el tiempo en el que iba al monte con mi padre a escoger la rama o ramas de pino que haría de nuestro árbol de navidad, y sí,  digo rama pues eso era lo difícil, escoger una rama que tras su poda, no impidiese el natural crecimiento del árbol, y sobre todo es de recordar los años en los que esa tarea la hacíamos en un día de nieve, eso y el silencio en el monte de Mecerreyes es lo más parecido a un paraíso.

Navidad en Mecerreyes es el recuerdo de escuchar en la radio la lotería de navidad con el cántico en pesetas, en esa época se escuchaba también el serial radiofónico, que nos narraba la vida de una familia en convivencia intergeneracional con Segismundo, Candelaria, Don Honorio, Avelino, eran tiempos de más radio y con ello de más escucha.

Navidad en Mecerreyes, para mí, es aprender a cantar con mi padre, (bueno, yo, lo de cantar me sigue pareciendo muy difícil), porque una de las primeras canciones que aprendí fue un villancico, decía algo así:

Madre a la puerta hay un niño

Más hermoso que el sol bello

Se está muriendo de frío

Y el pobrecillo está en cueros.

Anda, dile que entre

Se calentará

Porque en este mundo

Porque en este mundo

Ya no hay caridad…

Navidad en Mecerreyes junto con estos villancicos, eran esos encuentros con la familia, donde sólo había espacio para cantar, sonreír y tratar de ser felices.

En mi mentalidad de niña, reconozco que me impactó este villancico, que claramente no era muy alegre y no podía creer que existiese una pobreza tan extrema como para que hubiese niños en la calle, años más tarde, al ir a Burgos a estudiar contando 13 años, como tantos coetáneos, conocí que existía esa pobreza, 40 años después veo como en Madrid capital sigue habiendo niños que duermen en la calle junto a sus padres que huyen de  países en situaciones complicadas.

Siguen faltando muchos “San Martines”, porque no solo la Virgen María y San José tuvieron que salir de su tierra para dar a luz en lugar seguro.

Como decía, con estos villancicos aprendidos de pequeños no solo aprendimos la parte festiva de la navidad, sino que aprendimos también lo que era la solidaridad, fuimos educados para que en el momento preciso supiéramos cómo responder ante situaciones dramáticas de la vida, por responsabilidad humana y por creencias cristianas.

Navidad en Mecerreyes eran también días de oración, de tener el privilegio de acudir al pie del altar a besar al niño Jesús. Que acto tan simbólico y tan profundo a la vez, que gestualidad entre lo humano y lo divino, que aprendimos en esta iglesia dedicada a San Martín, que partió su capa para darla a los pobres.

En estas tierras castellanas nos enseñaron desde niños a ser honrados, el valor profundo de este término, que tenía que ver con no robar, no mentir, hacer caso a los mayores, aprendiendo de ellos.

Así fuimos creciendo en Mecerreyes, aprendiendo de nuestros mayores, unos mayores que eran ejemplo. En una convivencia estrecha, donde no se sentía la soledad no deseada, un problema muy presente en la sociedad de hoy.

Aprendimos de nuestros mayores, de nuestros padres, una generación irrepetible, que de jóvenes trabajaron para sus padres y de casados para los hijos, una generación que compraba las cosas cuando se podía, no pedían prestado y ahorraban poco a poco por si pasaba algo. Gente sacrificada que sabían que el esfuerzo tenía recompensa y la honradez formaba parte del patrimonio de la familia, una generación que creció y vivió aprendiendo a arreglar las cosas cuando de estropeaban y no a tirarlas y cambiarlas por otras nuevas, una generación que dio y ha dado lo mejor de sí en una época durísima en toda España y no menos en los pueblos.

Y nos enseñaron y aprendimos a ser coherentes, entre lo que pienso, lo que digo y lo que hago, Y con ello a saber, pensar y dudar, a afrontar las consecuencias de nuestras acciones, a levantarnos cuando nos caemos, a valorar la salud por encima del dinero, y cuando esta falta, a no darnos por vencidos, aprendimos a capear los infortunios, aprendimos a rectificar y a pedir perdón ante las equivocaciones, ¿recordáis? es  en esta iglesia donde aprendimos en Semana Santa a pedir perdón en público, mejor dicho con la mirada de niños, aprendimos  que los mayores también se equivocaban y pedían perdón ante todos, y que no era malo pedir perdón, con el valor de hacerse en público, eso tenía un valor incalculable).

Cada domingo en esta iglesia los niños y niñas aprendimos de las escrituras y el evangelio, los valores cristianos, los valores de toda persona de bien.

En ese crecimiento personal empezamos a participar en la sociedad, y a hacer comunidad, ¿recordáis? Os pondré un ejemplo, el calor en el colegio no era cuestión de un botoncito, en muchas ocasiones la leña para calentar, era metida desde el patio del colegio por los niños y niñas junto con los maestros, aprendimos a trabajar en equipo, la solidaridad, el respeto a lo común, a ser luchadores y trabajadores como los que más, y aprendimos a compartir, como cada domingo hacíamos en esta iglesia.

Aprendimos en esta tierra a veces dura, y no solo por la climatología, el espíritu de superación, a estudiar con becas, a trabajar para tener un sueldo, algunos nos dedicamos al campo de lo social, e incluso después al campo de lo político, en las épocas en las que esto no es muy atractivo, pero teniendo siempre presente lo aprendido, lo que nos han enseñado, recuerdo las palabras de mis padres la primera vez que prometí un cargo público, me llamaron y no me felicitaron, solo me dijeron “hija solo te digo una cosa: pobres, pero honraos”, pongo en mi boca lo que sé que se enseñaba en la mayoría de los hogares de este pueblo, lo que nos enseñaron además de a trabajar era, a devolver a la sociedad lo que ésta, nos estaba dando.

Sabéis, la enseñanza en este pueblo, en sus calles, en las hogares, en la iglesia, en catequesis, en la escuela en la que estudiábamos tres cursos en una misma clase, con un mismo maestro, un recuerdo imborrable para los de mi generación a los maestros Dña. Antonia, D. Pedro, D. Esteban y Dña. Begoña, la enseñanza en este pueblo os decía,  tenía que ver con justicia social, donde las diferencias de clase no existían, y donde con las becas pudimos estudiar no gracias a la cartera de nuestros padres, sino a la voluntad, ganas y sacrificio de cada uno y aprendimos una lección de vida, aprendimos  que lo primordial es aquello que importa a la gente y no la gente importante.

Aprendimos que se es cristiano todo el tiempo y no solo cuando se tiene tiempo.

Aprendimos que la coherencia de lo que pienso, lo que digo y lo que hago, esa honradez, no pueda quedar solventada acudiendo solo a misa y bajo el secreto de confesión, sino que la honradez es un compromiso con los otros, con los demás, para que haya bienestar social, un pacto para que existan menos desigualdades y por ello las mismas oportunidades.

La honradez no es sentar a un pobre en Navidad, como decía el villancico, pues hay otros 364 días al año que también hace frío, navidad no es estigmatizar a las personas con pocos recursos o al diferente como delincuente.  Porque el niño Jesús vino al mundo para hacerse hombre entre los hombres, para ser un igual y empezó sirviéndonos a nosotros mismos, dándonos con ello,  el mayor de los ejemplos de humildad, honradez y solidaridad.

Navidad no es normalizar la hipocresía a costa de estar bien considerados socialmente, no podemos justificar y normalizar las “gracietas” que generan desigualdad, machismo e injusticia.

Vivimos tiempos de consumismo exacerbado, de individualismo, de rapidez en todo y por todo, y frente a todo esto, os propongo lo que señale levemente al principio de mi intervención, escuchar, compartir.

Salir del bullicio del ruido, poder entrar en el monte de Carrelara no sólo para escuchar el silencio físico que es terapéutico, sino para aprender a escuchar el silencio más complicado y necesario si cabe, el silencio interior, el silencio que tenemos dentro, aprender a escucharnos a nosotros mismos, pues en estas vidas tan rápidas, tan hedonistas, no nos escuchamos ni a nosotros mismos, y debemos aprender, para encontrar la guía de nuestra vida.

No menos importante en la Navidad es aprovechar este tiempo para hacer un paron y reprogramar deseos para el nuevo año, y yo humildemente quiero con mis paisanos y paisanas compartir los míos, lo expongo a modo de los retos a partir del 2020:

  • Reto para afrontar la soledad no deseada, en la que se encuentran cada vez más personas, sobrevenida por diferentes circunstancias, a la que hay que poner remedio dadas las repercusiones que ésta puede tener en la salud física, mental y social de las personas y sobre todo de los mayores.
  • Reto para afrontar la realidad de una España vaciada. Una tierra, que hace no tanto tiempo se encargó de llenar y dar vida y prosperidad a otros territorios, fuimos los de los pueblos los que resolvimos y dimos muchas respuestas en las ciudades. Pero no olvidemos lo importante, nuestros pueblos siguen estando llenos de recursos y somos muchos los que de una u otra forma lo tenemos presente por ser un cordón umbilical que nunca se corta y forma parte de nuestro origen.

Por ello seremos los que amamos a los pueblos, en respuesta a la España vaciada,  los que más apostemos por tener una nación digital, regulada mediante el modelo de inteligencia colectiva, algo sobre lo que se está trabajando ya.

  • Retos para adaptarnos a los cambios inminentes de la digitalización, la agricultura punto cero, y demás.
  • Retos para no seguir esquilmando la tierra, y que podamos dejar a las siguientes generaciones un planeta más sostenible.

Porque los grandes cambios en la sociedad, son cambios colectivos, y lo que se nos está diciendo claramente es que se puede vivir de otra manera, y por ello tener esa mirada en la naturaleza, en la tierra.

En el pueblo hemos tenido la suerte de tener y vivir más en contacto con la naturaleza, y tenemos muy interiorizado el reducir, recuperar, reutilizar y reciclar, en los pueblos siempre lo hicimos muy bien, hasta que nos atacó la fiebre del consumismo, tenemos que reaprender esos modos de vida de antes en los pueblos, con menos plástico, menos envases,  estoy convencida que en los pueblos podemos hacerlo antes que en las ciudades, pues para ello lo abandonamos más tarde. Se puede y se debe vivir en algunos aspectos como antes, cuidemos el monte, y todas las zonas comunes por pequeñas que sean, como las riberas entre tierras, porque en ellas también está la biodiversidad. Bueno, serían tantas cosas que no acabaría, pero a cada uno se nos puede ocurrir como no retroceder y avanzar en este sentido.

Y finalizo,  Navidad es solidaridad. Y la solidaridad nació cuando un semejante se dio cuenta que otro se quedaba atrás, paró y retrocedió para recoger a su igual y no dejarlo atrás. Ya lo decía el villancico, “dile que entre y se calentara”, algo que está en el ser humano desde mucho atrás, en Atapuerca se vio un descubrimiento, se encontró un esqueleto de una niña con discapacidad, que no podía andar, vivió hasta más de los 13 años, en una sociedad nómada como eran, eso significó que no la dejaron atrás, que la llevaron y alimentaron consigo como una más, con igualdad, con solidaridad de toda la comunidad.

 Así pues, no desaprendamos lo aprendido.

Y acabo como empecé hablando de canciones,

Mi padre me enseñó que las canciones nos ayudan en los buenos momentos, para ensalzar la alegría y por eso aquí siempre hemos sido muy cantarines, pero y no menos importante también me enseñó a quitarnos el luto, a cantar cuando se tiene dolor del alma, porque la música siempre es una gran ayuda, así pues, en esta navidad amigos y vecinos, estemos como estemos, sintamos como nos sintamos, os invito a cantar, a cantar y a cantar.

Feliz Navidad.